
De alguna manera todos influimos (o tratamos de influir en los demás) para que “compren” nuestras ideas, proyectos, productos o servicios. Y lo hacemos desde la emoción, tratando de llegar al otro, con beneficios para sus “necesidades” conocidas o por descubrir. Finalmente la razón justifica lo que la emoción nos manda.
Por tanto, el que piense que no vende-influye debería reflexionar sobre ello, sea cual sea su posición personal o profesional. Así lo puso de manifiesto Ignacio Mollá en su conferencia del Día de los Tuyos, sobre “El descubrimiento de América: un enfoque empresarial”; aportando, además, en un ejercicio comparado con la historia de Cristóbal Colón, las claves para vender en tiempos difíciles.
Para influir en los demás, partimos de la idea que queremos que nos “compren”: ideas, productos o servicios. En quienes queremos influir serán los clientes potenciales. Y los que influimos somos los vendedores.