VII Encuentro Compromiso con la Educación

“Se ha instalado un discurso triste en la educación, pero los que nos dedicamos a ello tenemos que ser obligatoriamente optimistas, el futuro se puede mejorar “ José Antonio Marina

“¿Para qué? ¿Hacia dónde? ¿Y luego, qué? Son las preguntas de la vida y de la educación.” Carmen Guaita

Cada uno de nuestros niños tiene su talento, las capacidades al nacer son escasas, donde está lo realmente importante es en la educación. El talento es la inteligencia triunfante, la inteligencia práctica, la guía de nuestra vida. La inteligencia triunfante consiste en que una persona tenga ideas adecuadas al momento, soluciones a los problemas, una manera adecuada de comunicarse con los demás, que sepa utilizar sabiamente sus recursos, y que tenga buenos sentimientos.

No se trata de que los niños aprendan muchas cosas, sino de que con lo que han aprendido se les ocurran buenas cosas; no se trata de meterles ideas, sino de que seamos capaces de organizar su capacidad de producción de ocurrencias de modo que sean buenas.

Trabajamos de manera habitual en base al planteamiento de problemas teóricos, éstos se solucionan cuando conozco la solución ¿Por qué no nos centramos en el planteamiento de problemas prácticos a nuestros jóvenes? Aquellos en los que no sabemos la solución de antemano, aquellos que se solucionan cuando me pongo a ello. Al joven le gusta aprender, por supuesto, lo que no le gusta es estudiar.

Tenemos la mejor escuela que hemos tenido en la historia, pero no es lo suficientemente buena para la compleja situación actual. Se ha terminado la época del profesor aislado, quien educa es el claustro, la familia, el entorno; todos deben remar en la misma dirección.

Observemos y veamos qué hacen bien nuestros alumnos y potenciemos eso. La confianza en cada uno es clave en el desarrollo. El joven necesita contar con la confianza básica, adquirida en los 3 primeros años por intermedio de los padres con ternura, exigencia y comunicación. Confianza en su capacidad para enfrentarse a los problemas, sentir que es capaz, que sabe hacer las cosas, a lo que le ayudamos todos mediante la atención y el reconocimiento. Y confianza generada a través de la defensa de su personalidad, respeto a sí mismo y a los demás. Con estos tres niveles la persona gana en confianza y puede luchar con los miedos asociados a la cultura actual, en busca de su libertad.

La voluntad, entendida como un conjunto de destrezas personales, es el componente básico de la libertad. La voluntad hay que educarla. Nuestros jóvenes deben aprender a bloquear sus impulsos, hay que ponerle límites. Deliberar sobre esos impulsos, ¿esto es bueno o no? Tomar decisiones, cosa que es molesta, y poner en práctica esa decisión, lo que conlleva implícito soportar el esfuerzo y aguantar la recompensa.

El fenómeno actual de lo instantáneo nos aleja de las cosas. Aprender a aprender es igual a aprender a pensar pero ¿qué es pensar? ¿por qué nos da miedo que los jóvenes piensen? Para enseñar a pensar, un educador tiene que pensar, pensar sobre sí mismo, hacer un continuo examen de conciencia. Pensar es un proceso creativo, descubrir algo desconocido de uno mismo y dar un paso adelante. Pasemos entonces a la acción, hablemos con nuestros niños, preguntemos por sus ideas, por sus opiniones, por sus gustos. Estamos obligados, como educadores, a ver su talento y hacerlo brotar. A por el pensamiento.