UNA EMPRESA FAMILIAR DEBE SER UNA EMPRESA
Antonio Sánchez Iglesias. Presidente Escuela Internacional de Gerencia. Septiembre 2009
Las empresas familiares en España crean una riqueza equivalente al 70% del PIB, según el Instituto de Empresa Familiar. El 37% de las empresas que facturan más de mil millones son familiares; y el 50% de las empresas cotizadas en bolsa también.
Cabe destacar que el 65% del PIB europeo ha sido generado por empresas familiares. En Europa, la cifra de este tipo de compañías asciende a 17 millones. Y en el mundo, según un estudio de Harvard Business School, en 2001, estableció que dos de cada tres empresas son familiares. En España, trabajan más de nueve millones de personas, proporcionando más del 75% del empleo privado de nuestro país.
Ante todo, una empresa familiar debe ser una empresa, y después gobernarse como tal. A continuación se le puede añadir el calificativo de familiar. Sin embargo las diferencias estriban en las amenazas (u oportunidades) del compromiso con la idea de empresa familiar, y el asegurar la unidad y la armonía en la familia. Es decir, hay que tratar a la empresa como una empresa y a la familia como a una familia, sabiendo que en la primera rigen las reglas del mercado y en la segunda la emotividad y el afecto.
No es fácil la separación entre empresa y familia, máxime cuando el empresario que emprende lo hace con sacrificio y esfuerzo de toda la unidad familiar, buscando la supervivencia de ambas en una mezcla de ingresos y gastos, de horarios sin límite, de preocupaciones y alegrías, de implicación de los diferentes miembros de la familia en tareas poco definidas y de retribuciones emocionales más que racionales; los problemas van y vienen de “la mesa camilla” a la empresa y viceversa. Y lo que tiene su parte positiva a veces se torna en problemas que persisten en el tiempo.
Quien emprende lo hace con vocación de continuidad y si ha arriesgado su patrimonio (y el de toda la familia) además de su propio esfuerzo en el empeño no cejará en la búsqueda del éxito. Esta capacidad de esfuerzo y compromiso da una fortaleza a la empresa familiar que va más allá de la profesionalización de la misma.
Sin embargo, la empresa tiene que funcionar como tal aún siendo de estructura familiar. Porque solo con ello tendrá una visión de continuidad y la necesidad de fortalecerse con profesionales que garanticen la supervivencia de la misma por encima del fundador o los herederos.
Adquiere especial relevancia este aspecto, dado que la mayor parte de los empresarios emprendedores desearían (aunque no lo manifiesten abiertamente) que sus hijos continuaran en el tiempo. Y, a menudo, se recurre a los hijos cuando estos no han sido formados para ello o están en la empresa porque representa “su refugio”. La obligación de todo empresario, que desea la permanencia en el tiempo de su empresa, debe ser elegir a las Personas que le ayudarán a sucederán; lo mismo que en cualquier empresa se busca disponer de los mejores profesionales para asegurar el negocio presente y futuro.
El empresario arranca su actividad con una idea clara de Negocio, que ajusta en el tiempo en función del entorno, las necesidades de sus clientes o la competencia. Y para hacer ese negocio es imprescindible que tenga Personas de vértice preparadas para las distintas áreas clave en el negocio de su empresa: Comercial, Finanzas, Producción, Logística, Compras, Recursos Humanos, Mercados Internacionales, etc.
Las personas no son fáciles de encontrar y cualquier empresario que ha tenido que seleccionar a un director general lo sabe; no son más fáciles otros puestos de nivel intermedio, porque en cualquier caso para el empresario las personas clave serán no sólo buenos profesionales sino “gente de confianza” con los que andar el futuro.
El futuro es la primera preocupación de todo empresario. Cualquiera en la empresa puede ejecutar el día a día, pero a la única persona a la que no se le puede escapar el futuro es a la persona de primer nivel en la empresa.
Y aquí cualquier empresario de empresa familiar querrá la continuidad con éxito de su empresa. Por tanto, lo mismo que le preocupa la felicidad de sus seres queridos en la familia y va procurando lo mejor para cada uno, debería centrar su visión en qué quiere de la empresa y cómo se relaciona o relacionará la familia con ella. De tal manera que si espera la colaboración de algunos miembros de la misma, debe prepararlos con tiempo: ilusionarlos, hacerlos parte del proyecto, que vayan viviendo las buenas experiencias, que conozcan el compromiso que se tiene con el futuro deseado, la responsabilidad que cada uno debe ir adquiriendo, la necesidad de que sean personas capaces y preparadas para afrontar los retos de cada puesto de trabajo y con consciencia de que nadie debería estar en la empresa si no quiere o no vale para ello (mal ejemplo se daría al resto de trabajadores si esto se hiciera).
Sin duda, hacer empresa es una cuestión harto difícil; hacer que esta conviva con la familia es toda una aventura. A ser padres no nos enseña casi nadie, bueno tal vez nuestros padres con su ejemplo. ¿Podríamos enseñar a nuestros hijos a ser empresarios con nuestro ejemplo? Y ya de paso con una formación adecuada que apoye el funcionamiento profesionalizado de los sucesores.